Mentorías

Elige la duración de tu proceso personal 
3, 6 ó 9 meses

  • Guía personalizada contemplando la coherencia entre mente, cuerpo, alma y espíritu, desarrollando tu autoconciencia, reconociendo tu valor único, desprogramando falsas creencias y patrones de comportamiento autodestructivos.
  • Reconocimiento y superación de miedos inconscientes.
  • Aplicación práctica de sabiduría en la vida cotidiana (basada en mi investigación sobre las enseñanzas de Jesús, escrituras sagradas originales y el conocimiento experiencial de la presencia del Espíritu Santo.
  • Guía para el desarrollo y el reconocimiento de los dones del Espíritu Santo específicos que Dios depositó en ti.
  • Liberación espiritual de pactos, maldiciones y espíritus de iniquidad, traumas, asuntos y vivencias del árbol genealógico.
  • Conocimiento de las leyes que operan en la esfera espiritual.
  • Reconexión con el propósito original.
  • Fomento de la escucha del cuerpo, el alma y el espíritu.
  • Reconexión con tu sentir profundo, aceptación y amor propio.

El rol del mentor 
por Abel David Méndez

Te lo voy a decir con seriedad: sin mentor, muchos activados se quedan peligrosamente solos. Y no estoy hablando de “tener gente alrededor”, estoy hablando de tener a alguien que tenga autoridad para decirte la verdad sin miedo, que pueda frenarte cuando te aceleras, corregirte cuando te desvias, y aterrizarte cuando te inflas. Porque el don puede darte velocidad, pero el mentor te ayuda a poner frenos. Y si tú no aceptas mentoría, tarde o temprano tu propio impulso te va a meter en una curva que no estás listo para manejar.

La Biblia lo muestra una y otra vez. Pablo no fue “un lobo solitario”. Tuvo proceso, fue enviado, fue afirmado. Y luego él mismo se convirtió en mentor de otros: Timoteo, Tito, muchos más. Pablo le dijo a Timoteo algo que revela el corazón de un mentor: “Lo que has oído de mí… encárgalo a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2). Eso no es solo instrucción; es transferencia con responsabilidad. Un mentor no solo te da información; te ayuda a convertir tu fluir en una vida estable y útil.

Un mentor es una de las herramientas más grandes que Dios usa para protegerte de ti mismo. Porque tú sabes cómo orar, cómo predicar, cómo fluir… pero muchas veces no sabes verte. Tú te justificas fácil, tú te explicas fácil, tú te convences fácil. El mentor es el espejo que no te deja mentirte. Proverbios dice que en la multitud de consejeros hay seguridad (Proverbios 11:14). ¿Por qué? Porque el orgullo espiritual crece en aislamiento. La sabiduría crece en rendición.

Ahora, ojo: mentor no es alguien que te controla. Mentor no es alguien que te apaga. Mentor no es alguien que te usa. Mentor es alguien que te forma para que tú dependas del Espíritu Santo, no de él. Un mentor sano no crea dependientes emocionales; crea discípulos estables. Un mentor sano no te hace sentir pequeño para él sentirse grande; te hace humilde para que Cristo sea grande.

Un mentor cumple roles que muchos no valoran hasta que es tarde. El primero es discernir tu etapa. Hay cosas que tú quieres hacer ahora, pero todavía no es el tiempo. Y como tú estás encendido, sientes que “si no lo hago, me apago”. Un mentor te ayuda a entender que frenar no es apagarte; es madurar. Te enseña a esperar sin perder fuego. Eso es oro.

 

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